martes, 9 de junio de 2009

J.D.

- Pues sí, me gustaría -insistió-. ¿Por qué no te casas?

Relajando sus músculos, Zooey sacó un pañuelo de hilo doblado del bolsillo de su pantalón, lo abrió y se sonó una, dos, tres veces. Guardó el pañuelo, diciendo:

- Me gusta demasiado viajar en tren. Una vez que te casas ya nunca puedes sentarte junto a la ventanilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario